Volvimos de Grecia y al día siguiente dejamos Milano. Casi sin tiempo para ponernos melancólicos le dijimos chau a via Cenisio 62.
Allá dejamos al hornito, a basilico, al idioma que prometemos retomarlo esta vez seriamente, la gente que esperamos reencontrar, a Mauricio el portero que se quedo con el horno, el vecino que nos habilito el WIFI, el kilo de fideos increíbles a 0,50 de euro, el gorgonzola y la pizza de cuatro formaggi, y un año y medio en nuestro primer depto de la pared azul pitufo!
Acá con nosotros, además de dos valijas a punto de explotar entre todos los pedidos que le fuimos haciendo a los visitantes, muuuchos muuuuuy buenos recuerdos y muchas cosas que aprendimos, que nunca más un piso blanco para cocina y baño, que un basilico sin sol tiene los días contados, a no lavar ropa con candegina mas conocido como lavandina, que la canción de Italia noventa no dice nada parecido a lo que nosotros pensábamos, a que el lavarropas en el baño es muy práctico….
Al día siguiente fuimos en busca de nuestro compañero en este viaje: el auto. Sin el movernos con semejantes bultos hubiera sido imposible. Y así partió el trío (casi que lo llamaría cuarteto ya que la lluvia como cuarto miembro fiel nos acompaño casi todo el viaje) rumbo a la costa Azurra.
Primer escala Montecarlo y la búsqueda del famoso túnel de la F1, los autos lujosos, los veleros y yates, y nosotros en nuestro fiat punto bordeaux que parecía pistero por lo bajo que estaba del peso de las valijas.
Pasando todo por un camino de montaña bosque y mar, siguiente escala Niza, en donde por suerte aflojo la lluvia logramos comer un sanguchon en la playita. Mas bahías, vistas panorámicas y un mar de color increíble hasta Cannes, ahí sufrimos un poco los pormenores te tener un auto en un día de lluvia como un embotellamiento en plena calle principal.
Superado el embotellamiento con la ruta paralela al mar decidimos frenar por otro sanguchon, la playa era de piedras asique metimos el auto… al salir, por intentar una mejor maniobra, nos encontramos con el auto hundido en una arena movediza de piedras … Bonnie and Clyde pusieron manos a la obra y a sacar las piedras de abajo del auto, con eso retrocedimos 20 cm y nuevamente a sacar piedras… y asi unas 4 veces. Ya con las manos rotas la ropa sucia y las primeras gotas de lluvia se acercaron dos franceses que se sumaron a empujar!
(Moraleja por mas romantico que suene, no te metas en una playa de pidras con un auto alquilado que no es 4x4 y menos si esta pistero por tener 60 kilos de equipaje!)
Finalmente nuestra parada mas top: el camping! En una superficie complicada por todo lo que había llovido armamos el rancho, alrededor, motor homes con antenas de direct tv, garrafas a gas, trailers movidos a control remoto, porches de entrada a la carpa de alfombra y almohadones y nosotros y nuestra carpa para dos (mejor obviemos el dato de dormir sobre las colchonetas inflables que compramos para flotar en Grecia jajaja! )
Amanecidos al alba y con un día de sol desarmamos campamento y seguimos viaje, primer parada Saint Tropez. De ahí camino de montaña rodeado de arboles , curvas y contracurvas rumbo a Marsella.
Paramos para entrar a la Unite d’habitation y estirar un poco las patas. De ahí rumbo a Arles por caminos de viñedos y campos prolijisimos. Terminando en Arles un pueblo medieval no tan turistico!
Al dia siguiente nos le animamos a la autopista y nos dirigimos rumbo a Perpignan, lugar en donde devolvimos el auto y tomamos el tren hacia Barcelona.
Quedandonos en la casa de Nico (que le toco trabajar todo el fin de semana horario completo y mas!) y Beta (nuestra guía y cocinera!) reordenamos las valijas, un poco de relax, otro poco de charlas, otro poco de lluvia, unas cuantas cañas y tapas y unos ñoquis de tincho!
Con el equipaje reducido arrancamos nuestro itinerario…









































